lunes, 31 de julio de 2017

Ella 2.0




Ella…
¡Yo siempre hablo de ella!
Pero, ¿cómo no hacerlo si llevo toda la vida levantándome a su lado?
Ella sólo es alguien que quiere escapar de su humanidad
por unas cuantas horas, tal vez por unos pocos días,
no tiene el valor suficiente para desear más allá de eso.
Quiere traspasar por un momento las barreras impuestas por la piel,
y volar hacia otros planos,
hacia mundos donde la regla establecida no tenga ningún efecto.
Quiere inmigrar a territorios donde el dolor tenga extinción de dominio,
porque el suyo, es un dolor que arde tanto como la lava que se guarda en el corazón de los más temidos volcanes.
Algunas veces está hecha de espinas,
de latidos que se debilitan y disminuyen con cada decepción.
A veces siente demasiado,
con detalles muy pequeños se conmueven sus más apartados sentires;
pero, otras veces, se ubica en una categoría mucho más baja
que la que ocupan las rocas que reposan debajo del agua
inmóviles e indiferentes,
hay veces en las que no puede sentir absolutamente nada
ni sufrimiento, ni felicidad, ni culpa,
se torna en un todo biológico,
que por ratos pierde conexión con su parte emocional.
Su humanidad, en vez de hacerla más humana,
la ubica en la casilla de antónimos de esa palabra.
Me pregunto qué será de ella mañana o pasado mañana,
me pregunto si sueña o si sólo la atormentan pesadillas,
me pregunto si de verdad sabe amar,
me pregunto si alguna vez habrá reído con honestidad.
Quisiera saber si algún día antes de morir,
podré probar una versión distinta de ella.
Quisiera poder traducirla a un idioma más comprensible,
pero supongo que es sólo un mal código,
un algoritmo que aparenta sofisticación,
uno que oculta muy bien sus baches,
glitches que quizá no admitan redención
o que tal vez se puedan corregir en una nueva transcripción.

sábado, 15 de julio de 2017

Gracias




Agradecida estaré siempre
con el que conspira
con el autor de los fascinantes enigmas de la vida,
por la dicha de vivir la experiencia de tus ojos,
por la ventura de convivir
con una de las miles de encarnaciones de la valentía.
Agradecida estoy ahora
por todas las vidas que has vivido hasta el día de hoy,
por todas las veces que has resucitado,
por todas las veces en que me has resucitado.
Agradecida por tu singular sonrisa que mientras ríe, llora;
agradecida por el negro contundente que cubre tu cabeza,
por la manera en la que emprendes en el amor,
por la forma en que defiendes a los que están adheridos a tu corazón.
Digo gracias por todas las locuras
que he celebrado contigo,
por todas las veces que reí y lloré a costa tuya,
porque todas ellas me han hecho saber que soy capaz de amar,
que soy capaz de renunciar a mi respiración y a los latidos de mi corazón
por unos sueños que no son los míos.
Grito gracias porque como tú no hay nadie,
por todas las miradas de admiración que recibes
cuando vas por la calle o llegas a un nuevo lugar,
por la grandeza que se asoma en la ventana de tu sonrisa,
por los rayos de luz que cosechas dentro y fuera de mí
y que de alguna manera expían mis pecados.
Doy gracias por todos los mundos y sueños que se erigen
cuando hablas, cuando duermes, cuando caminas,
por el brillo inconmensurable que se esparce en el ambiente
cuando recitas en voz alta tu ser.
Simplemente doy gracias porque este destino me ensalza
con el honor más grande que jamás haya recibido:
el de atestiguar tu existencia.