jueves, 28 de diciembre de 2017

Carta a un fantasma


Te escribo desde el dolor, con la tinta salada que brota de mi mirada,
desde puertos en ruinas, calcinados, enmohecidos de pesar y de añoranza.
Mis poros arden por la falta de ti, me abrasan mil soles de ilusión de ti.
Te escribo mientras escucho el crujir de mis vísceras, que se solidifican, mientras suena de fondo la música de tu ausencia.
Te escribo con los restos de vida que me quedaron después que absorbiste casi todo cuanto me habitaba.
Te escribo desde la confusión, pues no tengo la certeza de tu existencia de carne y hueso; no sé si mis pensamientos, tan fecundos, te erigieron en medio de una nada blanca.
Me parece haberte visto ayer, recorriendo las espesuras de uno de mis sueños, pero no me diste la cara, huiste, extirpando lo poco que quedaba de mis entrañas.
Por favor, dime adiós,
no tengo yo la fuerza para hacerlo.
Dime adiós,
amputa dentro de mí, todo espectro o imagen tuyos.
Despídete con un truco:
desaparece dentro del sombrero negro del mago,
dilúyete entre el aire,
toma su característica: quédate invisible, pero no me toques;
o vuélvete paloma,
y piérdete en las profundidades del cielo.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Sueños que no son contigo




Desperté con tu imagen fija adherida a mi retina,
con tu sombra bien pegada en lo que ahora serían las hilachas de mi piel,
con el olor de tus ojos queriendo remendar los jirones manchados en que consiste mi vida.
Creo que anoche te soñé.
Otro sueño más acerca de ti,
otro sueño más que se acumula en aquella pila de sueños,
en aquel montoncito de sueños cuya locación específica había dejado enterrada en la gaveta del olvido.
Te soñé bella como siempre lo hago,
te soñé brillante entre todas las mujeres, que con carmín en los labios, tejen las calles que acostumbro visitar.
Te soñé amándome,
te soñé envuelta entre un nido frondoso de cabellos negros.
Te soñé vertiendo tus manos entre mis costillas rotas.
Te soñé rescatándome de los sabores amargos que me quieren corromper.
Te soñé riendo con una risa que reunía todas las risas bonitas del mundo:
con tu risa de arrugas en las costas de la nariz y ojos cerrados.
Te soñé con pétalos rojos recubriendo tus pómulos.
Te soñé con un amanecer y un atardecer, brotando juntos de los adentros de tu vientre.
Te soñé amarilla,
te soñé con tonos violetas jugueteando entre tus muslos.
Te soñé cantando para mí.
Te soñé percutiendo en tus propias pestañas, la melodía que te define y que me enamora.
Te soñé con tus besos regándose sin contención alguna en mi plexo solar.
Te soñé todopoderosa y profana.
Te soñé como una amalgama preciosa de lo que fuiste y de lo que eres, de lo que serás.
Te soñé revelándome los negativos y positivos de tu vida, aquellos que no alcancé a tocar ni predecir.
Te soñé pidiendo posada en mi boca.
También te soñé de un color azul que se escapa de toda realidad.
Te soñé desgranando trozos de luna sobre mis párpados.
Te soñé destilando salvación.
Te soñé siendo Arco del Triunfo.
Te soñé encarnada en la Montaña de los Siete Colores.
Te soñé sembrando y cosechando lo que nadie pudo en mí.
Te soñé conjugando tu desnudez con las aguas del mar.
Te soñé siendo todas las ciudades que quiero visitar.
Te soñé alfabetizando mi ignorancia de tu cuerpo.
Te soñé infinita y mía.
Te soñé soñando conmigo.

martes, 24 de octubre de 2017

No filter


Bocas amargas y dulces.
Pieles de todos los colores y estratos.
Lenguas que hablan varios idiomas y que se abrazan entre sí para poder entenderse.
Ojos verdes con cabellos negros,
ojos negros con cabellos dorados.
Labios colmados de carne
y labios faltos de ella.
Latitudes y longitudes que contienen de todo,
que se visten con toda clase de figuras geométricas,
que se perfuman con miles de variedades de vida,
y que coleccionan múltiples anatomías.
Tierras de nieve, tierras de desierto, tierras amarillas y tierras grises.
Cielos que dibujan un hechizo tornasol en las nubes,
y cielos blancos que encantan invitando a la melancolía.
Sabores exóticos.
Sonidos que mancillan la monotonía.
Cuerpos inflamados de ardentía,
cuerpos deshechos de placer,
cuerpos extasiados por el cansancio,
cuerpos dotados de todas las configuraciones posibles.
Miradas apagadas.
Miradas apuntando hacia el sur y otras apuntando hacia el norte.
Sueños rotos,
Sueños remendados,
Sueños intactos,
Sueños cóncavos,
Ilusiones convexas.
Mares rojos e invivibles,
Mares cálidos y acogedores.
Aguas que no se conforman con un solo color
y aguas que simplemente no quieren ninguno.
Vientos cálidos que cortejan el alma,
vientos helados que la resquebrajan.
Amores universales
y amores que no dan la talla.
Errores y aciertos en las mismas cantidades.
Belleza y desproporción equilibran la balanza.
Retumbos de guerra en unas partes del mundo,
y retoños de paz en otras.
Pluralidad.
Diversidad.
Variedad.
En el universo,
en las constelaciones,
en el planeta,
en los humanos,
en los animales,
En las flores
En las mismísimas piedras.
Un solo presente y manadas ingentes de latidos distintos.
Diversidad derramada a chorros por doquier,
y pinceladas de perfección y divinidad en ella.