miércoles, 22 de junio de 2016

Un poema triste




Cae nieve sobre mí,
soy la antítesis de la esperanza,
hoy se desgarra mi vida y todo lo que hay dentro de ella,
mis pensamientos del presente
están sumergidos en el pasado,
en un tiempo que estaba recubierto de perfección y belleza,
y lo que más me duele
es que en aquel entonces yo no lo sabía.

Mi propia vida se me escapa de las manos,
se me va como polvo
que el viento arrastra a su antojo;
ya casi me despido de este paraíso que me vio nacer,
de este mundo que puso golondrinas y gaviotas a mis pies.

Un humo glacial corroe mi piel,
hoy le digo adiós al mar y a sus estrellas anaranjadas,
al vientre sobre el cual reposó mi cabeza,
a las comisuras de los labios
que con pasión me besaron;
a los libros que llenaron de fantasías mi realidad,
al café que inundó con su delicado sabor
cada milímetro de mi boca.

Hoy miro a los ojos del cielo
que tuve la dicha de contemplar cercano,
para decirle que no nos volveremos a ver;
con pesar le doy un último adiós
a los planes que tenía para el futuro,
al suave vino que deleitó mi lengua
en la noche bohemia de un sábado cualquiera.

No tengo la certeza de volver a verte,
espero que el musgo que recubre mis lágrimas
se convierta en polen sagrado
cuando mi alma abandone
este cuerpo que ya no tiene fuerzas para continuar.

Quiero que sepas
que uno de mis momentos favoritos en esta vida
fue poder mirarte a los ojos
y decirte un “te amo” infinito, gigante y sin reservas.

Mi último deseo
es que no me condenes a las cadenas del olvido,
que atesores en un ámbar
los instantes de oro
que compartimos juntos;
espero que de vez en cuando
levantes tu mirada hacia el infinito
y que cuando veas los luceros titilantes
recuerdes que tenía el anhelo
de conquistarlos junto a ti.

Y si hay vida después de esta,
no te quepa la menor duda
de que te esperaré
con un alma inundada de frenesí,
en una mesa servida
con la continuación de nuestros sueños.

Si Dios quiere,
estaré esperándote al lado de la Vía Láctea,
más allá de la mortalidad de nuestros cuerpos,
en un lugar donde bandadas de faisanes dorados
escoltarán nuestra felicidad eternamente.

sábado, 11 de junio de 2016

Tienes magia en la boca


Y finalmente sucedió
el tan esperado encuentro,
mis labios se acurrucaron
plácidamente sobre los tuyos,
y lo que sucedió a continuación
fue toda una obra de arte biológica:

Mi universo frenó en seco,
mis sentimientos estallaron y
empezaron a derramarse a borbotones
por todo mi cuerpo;
el líquido rojo de mi vida
se volvió luces volando
a través de mis arterias…

Mi estómago se convirtió
en una comparsa de cosquillas eternas,
mis piernas, confundidas y temblorosas,
reían a carcajadas…

Y mis manos,
mis manos simplemente
se quedaron sin respiración,
porque por fin cumplieron su sueño
de mirarte y amarte de cerquita.

Mis neuronas
se embarcaron en un viaje rosa
del que todavía no regresan.

Ese día,
nuestros labios escribieron
un soneto perfecto,
de esos que tallan el corazón para siempre,
de esos que rompen el espíritu de placer.

Tu boca trazó una ruta indeleble
dentro de mi,
una especie de camino
que conduce a una forma
nueva de deletrear el amor.

Ese boceto que delineaste con tu lengua
le dio un golpe bajo
a la sed que se hospedaba en mí,
convirtió en algodón de azúcar,
a un corazón
que estaba revestido de acero negro.

Tienes magia en la boca,
tu beso quedó impreso en mi rutina,
me dejaste flotando eternamente
en un campo de cipreses y fucsias,
en mis labios vive
el dulce vaho de tu aliento.

Tu beso se convirtió en
himno,
bandera,
religión
y
ley universal
de mi propio planeta rojo,
ese que tiene como satélite natural
a una inmensa nube psicodélica,
que se encarga de mantener
fresco en mi memoria
aquel acontecimiento
que marcó nuestras bocas para siempre…