lunes, 25 de abril de 2016

Conjugación de un desamor



Él la amó.
Ella lo ama.
Su amor no sobrevivirá…

En una cama de hospital,
bajo un coma inducido,
yace tan gélido como un témpano de melancolía,
aquel amor que se hizo presente
en una triste calenda, indigna de recuerdo.

Las nubes de ese día emitían un llanto tenue y pausado,
el mismísimo cielo sentía tristeza,
el tono gris con el que se vistieron los cúmulos,
pronosticaba que aquello no acabaría bien.

La maquinaria acorazada incrustada en el pecho de aquel hombre,
empezó a latir por una tentación extranjera,
dejando a su antigua amada, perdida entre las grises ruinas
de lo que algún día se llamó amor.

Ella debe extinguirlo de sus pensamientos,
debe hacerlo por la sobrevivencia de los bellos seres alados que ahora viven no sólo en su estómago, sino en cada poro de su piel,
debe hacerlo si no quiere que las mariposas se conviertan en oxidados alfileres
que terminen por infectar su corazón de un incurable desamor,
de un desamor tan oscuro y tan lúgubre y tan frío como las entrañas de aquel ser que la abandonó.

Él disfruta de otros besos
mientras ella llora recordando los suyos
¿Cómo acabará todo esto?

Caminaron por la tierra unos cuantos amaneceres,
varios puñados de auroras y lunas nuevas se vieron reflejados
a través de los ojos húmedos de soledad de aquella mujer.

Un día cualquiera,
él amaneció convertido en un desierto en el que se ahogaba de sed,
sus pupilas dedicaron un torrencial aguacero de amargura
a aquella aventura foránea que se fue sin previo aviso,
un aguacero que hasta el día de hoy
riega gotas de desolación sobre sus días,
un taciturno aguacero que lo ha convertido en un enorme pozo de escombros y lamentos.

Y cambia la historia:
Él la ama.
Ella lo olvidó.
Su amor acaba de morir.

viernes, 8 de abril de 2016

A los ojos de mi vida


Casi se agotaban mis reservas de inspiración,
pero fue suficiente con un trago de tus ojos,
para que toda la magia de este cuadriculado mundo explotara,
dejando una danza salpicada de destellos,
de brillos teñidos con ese color tan característico del amor.

Yo vivía ignorante,
no tenía idea de que los milagros venían envueltos en tus ojos,
deliciosamente encantadores,
colmados de una divinidad hipnótica.

Nunca me imaginé que las bendiciones 
tuvieran pestañas capaces de detener el tiempo,
de congelarlo justo en una sola estación, una sin nombre,
en la que sólo hay lluvias abundantes de tu cuerpo,
primaveras de coloridos y fragantes besos,
otoños de abrazos eternos,
y veranos donde sólo brillan nuestros corazones ardientes.

Es todo un acontecimiento sin precedentes tu mirada,
sólo un resquicio de ella 
es suficiente para hacer brotar flores de mi pecho.
Beber un sorbo del negro de las ventanas de tu alma
es como degustar aquí en la tierra, el sabor del cielo.
Tus ojos son una verdad absoluta e irrefutable,
son un sublime misterio que se inyecta en mis venas
y oxigena mi sangre con pedacitos de ti.

Es posible que me olvide de tus labios,
que no recuerde la ternura 
y la calidez que rodean tus manos;
tal vez se borren de mi mente las preciosas manías que adornan tu ser 
y mis secretos escondidos detrás de tus orejas;
pero por algún obstinado motivo,
mi mente y mi razón son presa fácil de un encanto,
de un hechizo que me hace habitante del mundo que forman tus ojos.

Nuestras miradas son amantes, 
en todo tiempo, 
a toda hora,
no importa si estás a un instante de distancia,
o si estás a una eternidad lejos de mí,
nuestros ojos siempre se miran, se coquetean, tienen un romance,
permanecen despiertos, 
incluso cuando nuestros deseos duermen,
están a la espera de que el hilo invisible que los une,
nos permita gritar a través de silencios repletos de caricias,
eso que ellos siempre supieron 
y nunca se atrevieron a decir.