miércoles, 23 de marzo de 2016

Milagro de marzo





Ella era una flor inverosímil a punto de la extinción,
era dueña de una mirada distraída y melancólica.
Su pecho estaba adornado con amargas cadenas,
cadenas que soportaban el peso de un gran secreto.

Su rostro lucía taciturno y apagado,
y de vez en cuando, 
algunas gotitas de tristeza descendían de sus ojos;
su boca, que pronunciaba sonrisas fingidas,
buscaba empaparse del saciante y exquisito bálsamo de la verdad.

Cercada por una cómplice y refrescante brisa,
con la aprobación de la luna, 
de las estrellas 
y del cielo entero si se quiere,
y bajo la mirada celestina y primaveral de una noche de marzo,
mientras cada átomo de su cuerpo temblaba vorazmente,
mientras su corazón interpretaba la sinfonía más estruendosa que jamás se haya escuchado;
dejó caer sobre su lengua todo el peso de su verdad,
de una verdad que al ser manifestada por una boca árida 
y unos  labios aún incrédulos,
terminó por arrancar la sal, 
la oscuridad y las miserias 
que se aferraban fuertemente 
a cada trozo de su existencia.

Aquella noche respiró valentía y exhaló el más grande de sus miedos.
Aquella noche se quitó una máscara invisible estampada de mentiras,
y se vistió con un traje adornado de sonrisas y certezas.