domingo, 31 de enero de 2016

Memorias de una ilusa a medianoche



 


Tendría que existir un tratado universal que verse detalladamente sobre la exagerada sobredosis de optimismo e invencibilidad que embarga a las reflexiones de medianoche de algunos seres humanos.
Particularmente, creo que ese es uno de los pocos misterios del universo en el cual tengo cierta experticia.

Todas las noches de mi vida en las que apasionada entrego mi cuerpo al descanso, terminan convirtiéndose en un colorido carnaval en el que tengo la inmensa suerte de ver en primera fila, cómo lucen las caras de todas las fantasías que habitan en la compleja, a veces helada, ciudad de mis pensamientos.

Hay varias ideas que siempre se dan cita, ellas han conformado una especie de aquelarre y son como las estrellas, que siempre están allí ofreciendo su brillo, aunque el cielo, a veces lloroso, impida ver su esplendor.

He aquí una pequeña descripción de ese mundo que mi cabeza hace tan real que casi puedo tocarlo con la punta de mis dedos:

En ese mundo un violín acaricia cada pedazo de mi ser con las manos de su suave y delicada melodía y la palabra frontera, sólo son ocho letras en minúscula, que al ser dichas por cualquier mente, se convierten en un completo sinsentido.

En ese mundo, pronunciar el amor es suficiente para aniquilar todos los males que enlutan a la vida y tu voz es la banda sonora de mi existencia y tu cuerpo entero, mi lugar favorito a dónde escapar cuando me siento sin esperanzas.

En todo ese vasto universo, el lugar que he escogido habitar es aquel conformado por la constelación resultante de unir todos las pecas de tu cuerpo, un lugar en el que tu espalda es mi lienzo favorito en donde pintar a todo color, mis más locos y tiernos deseos.

Allí donde voy cada noche, los amaneceres, las puestas de sol, las lunas llenas, los delicados y tiernos cantos de las aves, el arcoíris, una mirada profunda, la lluvia, las flores y tu sonrisa iluminada por dos huequitos en tus mejillas, superan en perfección y belleza a todas las maravillas de este mundo.

Allí, en mi planeta imaginario de medianoche, la sal de las lágrimas revive y cura a los corazones que han caído a manos del odio, la soledad y la indiferencia;
En esas tierras imaginarias, los miedos no son más que pedazos de papel gris, que cuando se agarran con vehemencia, se vuelven al instante papel tornasol con el que se hacen cometas tan grandes, que podemos conocer otros mundos aún más bonitos montados en ellas.

En el letargo de mi vida espero con ansias ese infinito, sólo tuyo y mío, en el que  reencarno en la música favorita de tus oídos para que tu lengua no cese de pronunciarme. Ese mundo está justo al lado de este y quiero que se conjugue en ti y en mí…

Y por ahora, las únicas palabras que me alcanzan para resumirlo, es decir que es como una ventana que da salida hacia un placer excelso, hacia una reacción en cadena que siempre apunta a la felicidad, a una inesperada, pero asombrosa realidad.

martes, 19 de enero de 2016

Ella: balada errante



Ahí va ella
la mujer de cabello oscuro y de mirada estrecha y misteriosa
esa mujer de labios gruesos y de sonrisa agridulce
de ella salen fuego y hielo por igual.

Ahí va ella
a la que le cuesta vidas enteras entregarse
ni ella misma entiende la oleada de sentimientos que se hospedan en su cabeza, su alma y su corazón.

Ahí va esa mujer, mitad ángel y mitad demonio
arrastrando sus dolores y arrepentimientos
regalándole sus lágrimas al pasado
y ofreciéndole una enorme duda al futuro.

Por aquí camina
agitando sus manos hacia el cielo
esas mismas manos que fueron su instrumento para probar el mismísimo paraíso
esa mujer que cuando se mira en el espejo no logra descifrarse
esa misma que se pensaba cobarde
y que un veintitrés de marzo hizo historia en su propia vida
ese día rojo por fin se descubrió llena de coraje.

Ahí va esa mujer que se maquilla de sueños, que se desviste, se peina y se duerme pensando en un imposible,
aquella que amó y que ama –de manera revolucionaria y extraña- y que lo seguirá haciendo hasta el día en que no sea más.

Cuando la miras de cerca no puedes entender lo que hay detrás de ella,
algunos piensan que está loca, que es una lunática egoísta,
otros hasta sienten lástima por ella,
pero alguien que la miró por dentro se dio cuenta de que ella es tantas cosas a la vez;
en ella lo bueno y lo malo se conjugan de manera magistral
en ella todo es una aventura,
talladas en todo su ser están la pasión y la ingenuidad.

Hoy, como nunca antes, pude verla de cerca, conversé con ella
me contó sobre lo que quiere dejar de ser,
me dijo que está enamorada de tantas cosas, personas y misterios, que siente que debería tener al menos siete vidas más para conquistarlos todos.
Me confesó que está tan rota que no sabe si algún día se encontrará completa.

Esa mujer, cuya piel es transitada por innumerables lunares, me dijo que camina con la cabeza en alto aunque no sepa con certeza hacia dónde se dirigen sus pasos,
habló de sí misma como un mar de contradicciones con el que a veces se siente inmensamente feliz y otras, desgraciada.

Y antes de continuar con su incierto camino
me dijo que le ha tocado ser herida, pero también arma mortal,
que sus días transcurren entre risas, lágrimas, dudas, anhelos, ilusiones, esperanzas, miedos, soledades y silencios;
y que le encanta mirar el cielo estrellado, porque allí siempre encuentra el brillo que le falta a su mundo.

jueves, 7 de enero de 2016

Encuéntrame




Encuéntrame allí, en un lugar que no tiene fin 
y a una hora en la que nuestro amor no tiene censura, 
en el último pensamiento que te dediqué, 
en el rojo de la pasión que hace latir mi vida 
y en el azul de los sueños que me empujan hacia ti.

Encuéntrame en la última palabra que me dijiste, 
en aquella tarjetita que me diste 
y que ni siquiera el paso del tiempo ha podido destruir; 
en el blanco y el rosado de este cielo que con esperanza contemplo, 
esperando que lo veas y te venga algún recuerdo de mí.

Encuéntrame en el paisaje cautivador que ofrecen tus ojos, 
tus cejas y tus pestañas,
en la sonrisa que me dieron tus labios 
y que acabó para siempre con mi tranquilidad,
en el irisado que seguramente irradia mi cuerpo 
cada vez que tu cara que posa en mi memoria.

Encuéntrame en la mirada de esa luna, 
que aunque gris, 
se alegra tanto cada vez que le pregunto por ti,
en la brisa que por momentos se convierte en mis manos 
y acaricia tu pelo de dos colores con suavidad,
en ese pequeño cosquilleo que sientes detrás de tu oreja 
mientras te dibujo en mis amaneceres.

Encuéntrame en la vez que tus manos abrazaron las mías, 
en aquel día en que me mirabas mientras yo, distraída, 
soñaba con cúmulos de imposibles;
en los hoyuelos con los que finaliza tu espalda 
y en el perfume que deja tu ser al pasar por mi lado.

Encuéntrame en el frío que sientes en la punta de tu nariz, 
en el calor que riega tu cuerpo por la mañana; 
en las madrugadas en las que no puedas dormir 
y en los días en los que no quieras levantarte de la cama.

Encuéntrame en cada papel en el que veas pintado un corazón.
Encuéntrame, vida mía, 
más allá del amor, 
más allá de las horas que se consumen 
sin importar lo que hagamos para detenerlas, 
más allá de mi respiración 
y de los latidos de este cuerpo que colonizaste para siempre.

Encuéntrame más allá de todas esas cosas que tienen fin, 
más allá de todo aquello que es pasajero, 
más allá de la razón, 
más allá del olvido, 
más allá de las palabras.
Encuéntrame cada vez que asomes tu rostro al espejo y veas tu mirada, 
porque allí es donde habito clandestina 
y silenciosamente desde que te vi por primera vez.