lunes, 8 de enero de 2018

La vida sigue


La vida sigue…
Los carros continúan su paso apresurado por las avenidas.
Las noticias siguen mostrando informes buenos, regulares, malos y trágicos.
La música sigue sonando sin control y más alta que nunca en las calles del centro.
La gente sigue yendo al cine, al banco, a los moteles, al trabajo, a las tiendas de ropa.
Los vecinos siguen con sus peleas de siempre.
Los señores de la tienda de la esquina siguen jugando y fumando.
La señora de busto grande del frente, sigue observando a través de su ventana blanca, la vida de los demás y sigue renegando hasta de las piedras con las que tropieza.
La radio sigue sonando en la misma estación de siempre.
El loro sigue diciendo las mismas palabras, los mismos nombres, el mismo saludo.
Las fotos, el televisor, las sillas, siguen ocupando el mismo lugar en la sala.
Las paredes, las puertas y las ventanas siguen del mismo color.
Mamá sigue sintonizando los mismos canales religiosos para ver la misa y rezar el rosario.
Abuela sigue recogiendo las hojas del mango de la terraza y sigue barriendo la calle, aunque ya no es necesario.
Las mariposas se siguen estacionando en la corteza del árbol que tanto les gusta.
Esta calle sigue siendo la misma calle que siempre fue.
Sigue el olor a thinner de la carpintería y el ruido infernal y perturbador de las ambulancias corriendo sin piedad por la circunvalación.
La gente sigue con el mismo maldito vicio de los celulares en mano hasta para ir al baño.
Luis sigue jugando las pirinolas con el mismo balón roto.
Oscurece y amanece como de costumbre.
El gato sigue arañando el sofá rojo, sigue metiéndose a hurtadillas al cuarto para dormir debajo de mi cama.
Él sigue bebiendo alcohol a chorros, se lo inyecta en las venas, como siempre lo ha hecho.
Yo sigo con los mismos miedos y las mismas pendejadas de siempre.
Sigo, sagradamente, con mi rutina nocturna de series y películas extranjeras.
Se sigue siriviendo el café a las cinco de la mañana y a las tres de la tarde.
Es duro reflexionarlo, y escribirlo también:
todo sigue igual desde aquel día diecisiete en que te fuiste,
y aunque fue mi culpa,
aunque los corazones estén rotos,
aunque estén atónitos,
aunque tu nombre aparezca en cada comida, en cada conversación, en cada anécdota, en cada segundo de cada día,
la vida sigue,
ella, señora de señoras,
no se detiene ni por ti, para que no te vayas,
ni por mí, para pedirte perdón,
ni por nadie más.
ni por nada.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Carta a un fantasma


Te escribo desde el dolor, con la tinta salada que brota de mi mirada,
desde puertos en ruinas, calcinados, enmohecidos de pesar y de añoranza.
Mis poros arden por la falta de ti, me abrasan mil soles de ilusión de ti.
Te escribo mientras escucho el crujir de mis vísceras, que se solidifican, mientras suena de fondo la música de tu ausencia.
Te escribo con los restos de vida que me quedaron después que absorbiste casi todo cuanto me habitaba.
Te escribo desde la confusión, pues no tengo la certeza de tu existencia de carne y hueso; no sé si mis pensamientos, tan fecundos, te erigieron en medio de una nada blanca.
Me parece haberte visto ayer, recorriendo las espesuras de uno de mis sueños, pero no me diste la cara, huiste, extirpando lo poco que quedaba de mis entrañas.
Por favor, dime adiós,
no tengo yo la fuerza para hacerlo.
Dime adiós,
amputa dentro de mí, todo espectro o imagen tuyos.
Despídete con un truco:
desaparece dentro del sombrero negro del mago,
dilúyete entre el aire,
toma su característica: quédate invisible, pero no me toques;
o vuélvete paloma,
y piérdete en las profundidades del cielo.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Sueños que no son contigo




Desperté con tu imagen fija adherida a mi retina,
con tu sombra bien pegada en lo que ahora serían las hilachas de mi piel,
con el olor de tus ojos queriendo remendar los jirones manchados en que consiste mi vida.
Creo que anoche te soñé.
Otro sueño más acerca de ti,
otro sueño más que se acumula en aquella pila de sueños,
en aquel montoncito de sueños cuya locación específica había dejado enterrada en la gaveta del olvido.
Te soñé bella como siempre lo hago,
te soñé brillante entre todas las mujeres, que con carmín en los labios, tejen las calles que acostumbro visitar.
Te soñé amándome,
te soñé envuelta entre un nido frondoso de cabellos negros.
Te soñé vertiendo tus manos entre mis costillas rotas.
Te soñé rescatándome de los sabores amargos que me quieren corromper.
Te soñé riendo con una risa que reunía todas las risas bonitas del mundo:
con tu risa de arrugas en las costas de la nariz y ojos cerrados.
Te soñé con pétalos rojos recubriendo tus pómulos.
Te soñé con un amanecer y un atardecer, brotando juntos de los adentros de tu vientre.
Te soñé amarilla,
te soñé con tonos violetas jugueteando entre tus muslos.
Te soñé cantando para mí.
Te soñé percutiendo en tus propias pestañas, la melodía que te define y que me enamora.
Te soñé con tus besos regándose sin contención alguna en mi plexo solar.
Te soñé todopoderosa y profana.
Te soñé como una amalgama preciosa de lo que fuiste y de lo que eres, de lo que serás.
Te soñé revelándome los negativos y positivos de tu vida, aquellos que no alcancé a tocar ni predecir.
Te soñé pidiendo posada en mi boca.
También te soñé de un color azul que se escapa de toda realidad.
Te soñé desgranando trozos de luna sobre mis párpados.
Te soñé destilando salvación.
Te soñé siendo Arco del Triunfo.
Te soñé encarnada en la Montaña de los Siete Colores.
Te soñé sembrando y cosechando lo que nadie pudo en mí.
Te soñé conjugando tu desnudez con las aguas del mar.
Te soñé siendo todas las ciudades que quiero visitar.
Te soñé alfabetizando mi ignorancia de tu cuerpo.
Te soñé infinita y mía.
Te soñé soñando conmigo.