jueves, 8 de diciembre de 2016

La segunda vez que me enamoré



A la poesía



Yo no te buscaba,
no tenía la más mínima idea de ti
sin embargo, contra todo pronóstico me encontraste,
te derramaste sobre mí,
te infiltraste en mi carne.
Fui exiliada de las tierras del amor,
pero llegaste tú e invadiste mi destierro,
te convertiste en la figura humana de la palabra inesperado,
me abrazaste y vibré al sentir tu fuego dulce y pasional.
Las palabras que le dijiste a mis oídos
se convirtieron en una dosis letal de vida.
Conquistaste mi tiempo, mis ganas, mis esperanzas.
Ahora caminamos a la par
y no está dentro de mis planes soltar tus manos que me dan inspiración.
Tu presencia me golpea fuerte,
pero el tuyo es un golpe que salva y resucita.
En frente de ti abro mi pecho cargado de memorias y sentimientos,
ellos te hablan sin vergüenza, mirándote directamente a los ojos,
y me siento liberada.
Las letras que te componen son indescifrables,
pero amo cada una de ellas
porque ahora también hacen parte de mí,
se adhirieron a mi médula y son lo que me mantiene con vida,
son lo que me mantiene sobria y con ganas de más,
en un mundo que invita a la embriaguez y a la muerte.
 



domingo, 27 de noviembre de 2016

Epítome

Tú: desde la “l” del lunes hasta la “s” del viernes.
Tú: desde el día 1 hasta el día 365 y también en los bisiestos.
Tú: de 12 a.m. a 12 p.m.
Tú: desde el café y los huevos revueltos del desayuno hasta la sosa ensalada de la cena.
Tú: en mis pixelados sueños a blanco y negro y en mi realidad infestada de color y claridad.
Tú: cuando río y cuando lloro.
Tú: desde el alba hasta el anochecer.
Tú: en los días nubladamente fríos y en los días tibiamente brillantes.
Tú: en las últimas quince vueltas que le he dado al sol.
Tú: en los días de absoluta mudez y en los días de total bullicio.
Tú: perpetua, en cada semana, en cada año, en cada estación, en cada calle, en cada parte del cielo, en cada esquina, en cada apunte, en cada comida, en cada momento de mi rutina, en cada respiro, en cada suspiro, en cada manía, en cada bostezo, en cada hoja de cada libro…
Tú: en el día que fue, en el día que es y en el día que será.
Tú: en cada recoveco de mis neuronas.
Tú: epítome de las líneas que escribo.
Tú: epítome de mí.